Hace tanto tiempo que no escribía, no es por flojera, si no que por falta absoluta de tiempo. Pero acá voy de nuevo, gracias a las personas que me exigen y aunque no dejen un miserable comentario, me leen y se quejan cuando paso tanto tiempo sin decir nada.
Hay tantos temas que se han juntado en mi cabeza en estas muchas semanas, pero creo que lo que más fuerte me ha llegado es el tema de la Nostalgia.
Hay un poema griego que dice:
La emboscada de los dioses es la nostalgia, es el juego insensato con tu alma, la malhadada quimera del regreso.Es un poema que siempre me ha identificado, el tema de la
nostalgia es algo fuerte en mi vida, vivo el hoy e intento no
arrepentirme de lo que he hecho o he dejado de hacer, pero hay cambios en la vida que por el simple pasar del tiempo o por omisiones mías han sucedido sin que yo quiera. Y a veces no es bueno para mí darme cuenta de que ya nada es lo mismo o de que no soy la misma de antes. Que quede claro que no hablo de sentirme vieja ni de esas tonteras que a veces nos complican la vida a las mujeres, lo mío es más profundo o complejo o confuso.
Sucede que hace unas semanas llegó a Santiago un gran amigo que no
veía hace bastante tiempo, con el que siempre he intentado mantener contacto a pesar de la distancia que nos separa geográficamente. Y junto a él, la temida
nostalgia. No de lo que vivimos alguna vez o de
quiénes eramos, en absoluto. Mi nostalgia quedó angustiándome después de una trivial conversación de los motivos de su viaje y de lo que hace en su vida. Motivos de viaje: un congreso de temas sociales. Su vida: llena de actividades en pro de los demás y "mejorar el mundo" (a riesgo de sonar
hippie o hasta cursi) por su familia y su hija.
Mientras yo, feliz, contando de mis estudios,
solita caí en la cuenta de que a pesar de que encuentro loable y
altruista y etc. todo lo que él y otros amigos míos hacen, saqué de mi vida los ideales y dejé sólo los intereses. No por mí nada más, si no por darle un mejor futuro a mi hijo, por estar bien en
términos económicos junto a mi pequeña familia. Pero aún así preocupándome del buen pasar y no del buen vivir.
Está claro, quiero que mi hijo sea una buena persona, ojalá culto y con lindas ideas e ideales en su
cabecita y para eso quiero darle oportunidades y herramientas, estudios, toda una base que puede servirle, pero he despreocupado la parte en que yo tengo que ser mejor persona para darle el ejemplo.
Y me acordaba de esos tiempos en que me movían ideales más nobles y que abarcaban a más gente y no supe definir en qué momento dejé de tener esas preocupaciones y aunque sé que todavía sigo siendo esa persona que a mí misma me gustaba ser, había olvidado al resto del mundo y me había vuelto una persona egoísta o centrada sólo en mi pequeño círculo y es difícil echar pié
atrás y empezar a preocuparme de otros temas con la falta de tiempo que tengo y esto de ser madre y estar dando el ejemplo para hacer de esa pequeña cosita que es mi hijo, un hombre de bien algún día, es bastante agotador. Pero creo que puedo, los
desafíos a veces me cansan pero no me la ganan, así que por qué no voy a poder lograrlo de nuevo?
Veo cómo viven varios de mis más queridos amigos y los admiro de verdad (bueno, a todos mis amigos los admiro por distintas razones, creo que si no fuera así no podría quererlos como los quiero), veo cómo multiplican su tiempo y tienen montones de actividades sin quejarse y siguen preocupándose de sus familias, de sus hijos. Cambiaron algunos sus prioridades, sus modos, pero no sus
escencias que siguen siendo lindas y me digo: Vamos,
tontita, tú puedes!
La nostalgia, a mi modo de ver no es mala, no hay que verla como añoranza, ni vivir en el pasado, pero no hay que olvidarlo. No me puede pasar de nuevo olvidarme de lo importante.
Y a propósito del bello poema griego, esta nostalgia puede ser una emboscada, pero hay que saber salir bien parado de ella.